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TRIENNIO
Capítulo 1 "Dos ojos insólitos"

Nuestro pequeño panda comenzó a vagabundear buscando un lugar donde protegerse de la lluvia. Andando por la selva, tropezó con la raíz de un árbol y decidió quedarse bajo su espeso follaje. Estaba asustado y empezó a llorar desconsoladamente.
“Todo es tan oscuro aquí, no logro ver nada… ¡Qué voy hacer!”

“¡Oye! ¡Psst! ¿Por qué estás llorando? ¡Si sigues así, vas a despertar a todos los animales de la selva!”
 
Pippistrello

El panda, con interés, levantó su cabeza y vio a un pequeño animal negro colgado por los pies de una rama.
Tristemente, le contó su historia.
“Me echaron del reino de los tigres porque decían que era torpe, lento y sólo pensaba en comer hojas de bambú. Me siento muy solo; no tengo ningún lugar donde ir. La oscuridad es tan grande aquí, tropiezo a cada paso.”
“¡Entonces estás de suerte! ¡Te ayudaré!”
“¿Sí, pero quién eres tú?” preguntó el panda.
“Yo soy el murciélago. Mis hermanos y yo vivimos en el bosque, y sólo nos desplazamos de noche.”
“¡Caramba! ¡Entonces veis muy bien!” dijo el panda.
“No, en absoluto. ¡En realidad, nuestros ojos no ven! Sencillamente vemos de otra forma, gracias a nuestras orejas, que nos sirven de radar; captan las ondas sonoras de vuelta que emitimos con nuestra boca o nuestra nariz, para localizar los obstáculos y trazar un mapa del lugar. ¡No tengas miedo y sígueme!”

Pippistrello

“¿Pero, dónde me llevas?” preguntó el panda.
“Me han hablado de un lugar fantástico: Abilian. Allí todos los animales viven serenamente y se respetan entre sí.
Puedo llevarte hasta un gran arce que tiene en su corteza un mensaje grabado que indica el camino hacia Abilian. No logro descifrarlo, quizá tú sí”, contestó el murciélago.
“¡Ea, vamos!” le animó el panda.
Nuestro panda se sentía seguro en compañía de su nuevo amigo y, por eso, se dejó conducir hasta el gran árbol, sin tropezar ni caerse. Cuando llegaron al lugar, el panda tocó la corteza con sus patas, encontró la pista y la descifró.


Si a Abilian quieres llegar,

tres días de camino tienes que afrontar

para encontrar el mar.

Allí al rey de los delfines debes buscar

y su lenguaje descifrar.



El panda feliz reveló el mensaje a su nuevo amigo y lo invitó a proseguir el camino juntos.
“No puedo,” dijo el murciélago, “tengo que quedarme aquí. El sol está saliendo. ¡Sigue tú! Tengo que volver con mi familia”.
“Gracias por todo. Quiero decirte que, a pesar de tu ceguera, te mueves muy bien. Espero que volvamos a vernos otra vez para pasear de noche juntos.”
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